Solamente es un breve argumento, cualquier más versado lo haría mejor.
“El ataque al titán”
La sociedad desde que se descompuso la comunidad primitiva siempre ha estado controlada por los poderes ejercidos desde diferentes cupulas o pináculos, y pensar lo contrario sería caer en una fantasía propiciada por aparatos ajenos al entendimiento humano; Michael Foucault bien había pronosticado a través de su teoría del panóptico sustentada en el libro “Vigilar y Castigar” el control que ejerce el poder político y económico sobre la sociedad sin advertirlo, derivando y emanado de las instituciones así como el mecanismo social que usan para ejercerlo; este mismo control se disfraza de una libertad que está sustentada en la permisividad que las organizaciones institucionalizan fomentando determinados comportamientos que son acordes a una conveniencia de la cual pueden hacer usufructo, en el caso del escrito de Dostoyevski podemos observar algunos puntos que hacen referencia a est; entre ellos encontramos la religión como la reguladora no ética, sino más bien moral al generalizar, institucionalizar y obligar a cumplir con el contrato social y disponer de los “valores” que se deben de practicar dentro de la sociedad.
Este caso específico se palpa en la cúpula de la religión (cualquiera que esta sea), y de la sociedad religiosa que muestra de manera general el conflicto de valores relacionados a su contemporaneidad (que avala e instituye la religión para que sean aplicados dentro de la sociedad generando en sus seguidores un fanatismo en vez de una creencia crítica); a este tenor pertenece la “santa” inquisición, donde la cúpula de la “fe” católico cristiana era la regidora moral/”ética” de la vida social de la población, dictaminando los quehaceres diarios y su forma de comportarse ante la posible salvación o condena; con ello se institucionalizaba la manera de ser aceptada por un gremio que gobernaba tanto desde las sombras como en la vida pública; estigmatizando, eliminando, o señalando a sus enemigos potenciales (sobre todo a aquellos relacionados a sus intereses que amenazaban el status quo), en palabras de Antonia Vallentin “El Santo oficio descubre toda falla en esta armadura de fe… Como en todas las épocas de revueltas, la sospecha, la delación, pasan por sirvientas de la verdad; la prisión del “Santo” (las comillas son mías) Oficio espía a los acusados por malevolencia, aunque sea falso, los libera deshechos, con su carrera anulada”[1]. Lo cual hace muestra a rasgos generales de lo que se manifiesta en el fragmento de los hermanos Karamazov. Sin embargo, dentro de la figura de esa parábola escrita por Dostoievski podemos observar el planteamiento de la normalidad que gobierna en general sobre los valores intrínsecos y morales que se supone cimentan el comportamiento y el orden social de su propio tiempo.
Con ello podemos hacer mención de una parte del libro de Aristóteles de “Ética a Nicómaco”, no propiamente refiriéndonos a la parte de la ética, sino al hecho que el propio Aristóteles señala que los seres humanos son productores de actos; y que en este caso podemos decir ante un planteamiento hipotético que los humanos han trascendido al mundo de la mente y de las ideas para convertirse en representaciones de las pasiones, deseos, deliberaciones que orientan el “estar” en el mundo, donde “estar en el mundo es estar condicionado, y que estas condiciones de posibilidad están teñidas de los estímulos de cada presente en concreto y de la tradición histórica en que ese presente se enhebra”[2], donde el ser humano como tal funciona a partir del propio egoísmo y defensa de su ser, lo cual es reflejado en las actitudes del Inquisidor así como del pueblo sumiso ante un determinado poder, esto Aristóteles podría ampliarlo a través de su argumento sobre la ética que forma parte de la política (en este caso preciso la religión), ya que Aristóteles señala que la política es “aquella que regula que ciencias son necesarias en las ciudades, y cuales ha de aprender cada uno y hasta qué extremo”[3] y esto se denota porque en el postulado del Gran inquisidor ellos regulan la vida social de ese lugar así como lo que pueden hacer y lo que no.
Todo esto hace una referencia a los poderes facticos que se engalanan con la túnica de lo sagrado y son la muestra de un poder generalizado que somete la voluntad de las personas a los designios atribuibles a elementos místicos no comprobables. En este caso muestra la lucha del poder terrenal con el poder celestial, donde la figura de Cristo bien podría representar la fuerza ética y moral universal, una representación a mi entender del imperativo categórico Kantiano, basada en la voluntad sustentada en el deber como parte de la comprensión que se da de la humanidad, pero no solo a través de lo racional sino también de lo que es el amor.
La figura del inquisidor/abogado-ejecutor del espíritu libre, es la representación que yo interpreto del espíritu “racionalista” y a su vez obtuso, el encargado de encausar el poder que subyuga para mantener un orden proclive a la explotación y al sometimiento, donde el ser humano por regla general y me atrevo a hacer un juicio, es capaz de ceder su libertad con tal de conseguir orden y seguridad obedeciendo a lo que he entendido como moral de esclavo, al no hacerse responsable de sí mismo y delegar su vida a un “poder superior” sea cual sea este; esto puedo sugerirlo en el hecho de la primera exclamación que realiza el inquisidor en su interrogatorio a la figura de cristo “Quieres presentarte al mundo con las manos vacías, anunciándoles a los hombres una libertad que su tontería y su maldad naturales no lo permiten comprender, una libertad espantosa, ¡Pues para el hombre y para la sociedad no ha habido nunca nada tan espantoso como la libertad!”[4], de este modo se hace referencia al hecho de la parábola de los panes que aquí consisten en el objeto del deseo del pueblo en general, no traducido en el mero aspecto de mendrugo, sino más bien de la cosificación y del afán de poseer, por lo tanto Cristo decide darles la famosa frase de “no solo de pan vive el hombre…” haciendo un llamamiento para evitar que el ser humano se transforme en un lobo hambriento que esté sometido a los designios básicos que lo llevarían a su propia perdición, cosa que el inquisidor se encarga de recalcar como uno de los tres pináculos dentro de los cuales asegura que el mesías fracasó, y corroborando el hecho de que la humanidad es manipulable con tal de darles aquello que creen que quieren o que les hacen desear.
La humanidad como manifiesta el inquisidor busca una calma de tipo placebo a su conciencia y por ella es capaz de renunciar así mismo, este hecho es remarcado en el punto donde aparece el mesías, todos se congregan ante su figura, sin embargo, cuando el inquisidor le hace frente, el populo silencioso se van humillando para dejarlo pasar y se olvida de la figura del salvador; el miedo es una poderosa arma que ejerce un yugo sobre la población y ese miedo es traducible en muchos adjetivos y calificativos que otorgan el control social por esas posibles o probables represalias que se derivan de determinados actos que son mal vistos (o condenados por el regidor del orden); de ahí entramos al punto ético que no puede ser absorbido mediante la contemplación del ejemplo sino a través y de acuerdo a mis ideas del razonamiento de aquello que se debe de elegir, por ello el pueblo de este escrito es temeroso e incapaz de hacer una elección propia; por lo tanto, el ser humano es fácilmente corruptible y se deja llevar por el afán de posesión, y de entregar su conciencia a alguien que pueda “purificarla” y con ello ser esclavo del sistema y no responsabilizarse de sus faenas, todo ello derivando de su propio temor hacia la libertad, que cuando llegan a hacer uso de ella (en una generalidad), caen en el abuso de esta y cometen grandes crímenes por diferentes justificaciones; pero para ello están las instituciones (política, religión, economía), estas últimas generan una muralla que de acuerdo a mi entendimiento de Michael Foucault, estas crean un determinado tipo de control, lo que lleva al ser humano a augestionarse y autocensurarse y a su vez a controlarse, por el miedo a ser relegado o castigado. Esto se hace con mayor énfasis cuando el inquisidor hace el señalamiento del control social con el afán de mantenerlos dentro de un parámetro establecido como correcto por el poder, delimitando y en algunos casos eliminando las acciones divergentes que van en contra de lo previamente establecido, en este caso la figura de Cristo que es amenazada por el propio inquisidor por que ha aparecido de nuevo para “revolucionar” a la sociedad y sacarla de su época obscura.
Por otro lado, el panóptico (a pesar de lo que sostiene Foucault que solamente este se da en la edad contemporánea, creo que se puede establecer también en edades pasadas) ejercido por el propio poder religioso le ha otorgado al inquisidor un poder que no es ejercido ni manifestado de forma continua, sino que a través de la representación de su investidura y de los males provenientes de desafiar a la cúpula de la iglesia, lo cual convierte a su poder en un hecho invisible que gobierna la vida de los habitantes que se comportan con el único fin de no ser sancionados, y viven con el sustento de la promesa banal de una salvación.
En la parte final del texto y a manera muy romántica Dostoievski hace señal que el amor puede vencer al poder, cosa que al menos es recurrente en otra de sus novelas que lleva el nombre de “Crimen y Castigo”, ya que Cristo al besar los labios del Inquisidor siembra en el la duda y rompe toda muralla de ejecutor para transformarse en un simple ser humano que ha sido doblegado por lo ético y lo moral a través de un simple gesto, con lo cual el último acto de banalidad es dejar ir a Cristo a perderse en la noche del tiempo.
Bibliografía y fuentes de información.
- Aristóteles Ética Nicomáquea 349 A.C., PDF
- Dostoyevski Fiódor. El Gran Inquisidor. España. 1880. PDF
- Foucault Michel. Vigilar y Castigar, El Nacimiento de la Prisión. Argentina. Siglo XXI 1971
- Goffman Erving. La identidad Deteriorada. EEUU. 1963. PDF.
- Vallentin Antonia. El Greco. Argentina. Vitae. 2003
[1] Vallentin Antonia. El Greco. (Argentina. Vitae, 2003). pp 62
[2] Aristóteles, Ética Nicomáquea, (PDF, 349 A.C)Pp.28
[3] Ibidem 130
[4] Dostoyevski Fiódor. El Gran Inquisidor. (PDF. España. 1880) Pp. 11
